10 ¡Somos pueblo cuetero, pero de hechura francesa!

Escrito por cavilaciones el 23 septiembre, 2010

20 de septiembre de 2010

Me choca, me disgusta sobremanera decir te lo dije. Les dije que el plan de fiesta para el grito del 15 de septiembre era de muchos cuetes y carros alegóricos. Creo que en aquella ocasión no mencione los cuadros escénicos que representarían, festivamente, momentos históricos de nuestra hazaña independentista. Los actores que tenían a su cargo estas representaciones llegaron al Zócalo agotados, ya caminando, ya haciendo que hacían su papel, gran esfuerzo si pensamos que ya tenían varias horas circulando y desplegando su cometido por Av. Reforma, Juárez y Madero, llegaron a home barriéndose heroicamente entre los aplausos de los 50mil asistentes. Valga decir que el espectáculo lo completaron esos 50mil que se portaron como gente del primer mundo. Desde que llegaron y tuvieron que entrarle a las exigencias del gobierno del defiendetefuereño, dejar todas las botellas, las de roncito en vidrio o simulado en botellas plásticas con agua, no paraguas, no astas o astitas de banderas o banderolas, no cuetes, de los explosivos, creo que ni espanta-suegras hubo chance de apoquinarse, y terminar pasando por los detectores de metales, me cae, me quito el sombrero. Algunos quisieron dejar a las viejas, que seguramente por pesadas hicieron sonar los detectores, pero los obligaron a llevárselas. Todo para terminar encorralados en uno de los cuatro vallados divididos por dos pasillos en cruz. Según mis cálculos, 12.5mil por corral. Los vivillos o madrugadores en la valla, los otros hacia el centro donde seguro que de ver nada que ver y si eras de los chaparros ya ni hablar.

Pero volviendo a la parada, de las tres horas que tv’isualicé, yo diría que algo carnavalesca sin las ventajas visuales de los carnavales pletóricos de colosas esculturas en paños casi menores, muy diferentes del coloso que nos apantalló, por su tamañote no por sus curvas vivientes. Ya saben el más in, el de Río. Los protagonistas voluntarios, seguro no sabían en lo que se estaban metiendo, se les veía agotados pero  orgullosísimos de su participación. Los mentados alebrijes ni sus luces, solo se vislumbraron dos que tres, imagínense tener que cargar con todo el merequetengue que les daba forma y encima, mejor dicho debajo de ellos, jalar con tu humanidad. Qué bueno que ni por equivocación me presente, ni de aguador. Y los carros alegóricos, ¿on quedaron? Yo solo vi uno cargando todos esos juguetes que actualmente ya pertenecen a la arqueología mexicana, el trompo, la matraca, el balero, el…, el… y algunos más, el… A lo mejor se debió a la transmisión televisiva oficial,
que tal como la historia oficial, solo muestran algo y muy maneado, por no decir maleado, y que Joaquín López Dóriga se encargo de enfatizar en varias ocasiones “si nosotros estuviéramos a cargo de la transmisión otra historia sería, sería con calidad.” Ni modo pues era la única señal televisiva. Todo esto a ras de suelo, donde los supuestamente bien posicionado para ver el espectáculo, desde quien sabe hace cuántas horas ya con ganas de tirar la toalla, pero estando tan ensardinado ni pa donde jalar solo aguantar te queda, ¿viste algo? como para no andar presumiendo que fui al grito. Y los del centro de la manada, los mal posicionados, la ventaja que tenían sobre los orilleros era poder quedarse dormidos ahí, paraditos y recargaditos aprovechando, ya para esas horas, las mal-olientes humanidades que compartieron la euforia septembrina. Intercambio equitativo de malos humores.

La salvación llegó como caída del cielo. La larga espera sin ningún alipús que la aligerara, y tomen en cuenta, ni donde tomar una gota de agua ni donde dejar una gota de agua. Algún listo pudo aprovechar las contingencias vendiendo pañales para adulto, el negociazo, ¿saben de  alguno? Así como en los congestionamientos de las avenidas y carreteras surgen, como hierbas en el campo con las primeras lluvias, esos vendedores de cacahuates, chicharrones (ya rancios) cigarros, refrescos, aguas, gorditas de nata que se anuncian “prepare su cuota”, etc. Voy a registrar esta idea pañalera y la franquiciaré, seguro habrá demanda. Les alivianaremos la carga liquida a un buen de desesperados por encontrar un resquicio urinario en el periférico. Bueno, les decía que la magia como que llegó del cielo, sin representantes eclesiásticos. Palacio Nacional se lleno de cuetes, pero no de esos cuates-cuetes sino de esos otros cuetes, los bailarines que tanto nos entusiasman en las fiestas de los pueblos. Luces multicolores, explosiones de filigrana luminosa y brillante, combinando cascadas relumbrantes con efímeras flores de pólvora encendida. Cada explosión mayestática era acompañada por el sonoro rugir de los espectadores, un ahhh que superaba con mucho el estruendo de la pirotecnia. El acabose, cuando a esta fiesta luminosa palaciega se sumó con furia endemoniada Catedral, al grito “aquí estoy”, terminó de deslumbrarnos con su infierno de luces. Esto bastó para hacerles su día a todos los asistentes al Zócalo y a todos los que por TV lo vimos a través de la denostada señal oficial. Y como cereza de un excelente pastel, las imágenes proyectadas sobre la fachada de Palacio Nacional y de Catedral, imágenes con movimiento, vivas, al grado que hasta las torres de Catedral bailaron al mejor de los sones de Tongolele. Todo el merequetengue lo diseño Brick, australiano, con antecedentes en otros festejos internacionales, con un montón de lana por delante y buena cantidad para sus bolsillos. Los juegos-fuegos pirotécnicos que diseño que un francés que un italiano, no sé bien, también con buena lana. Este se gano la billetiza requetebién, del otro no estoy muy seguro, pero lo bailado nadie nos lo quita.

A pesar de todo el éxito popular y mediático obtenido esto va a sacar muchas ronchas, que dinero malgastado, que fondos desviados, que de fiesta nacional nada tuvo, que las mangas del chaleco. Ya empezaron a escucharse rugidos por varios lados. El más sonoro es el del coloso, ¿que
representa?, ese enorme bigotón vestido al estilo ¿chinaco? que se parece a nuestro Piporro, con cara de disgusto, o a Fox, por lo grandote e inútil, ¿a poco no? Pues que resulta que representa a un revolucionario, traidor, que se unió a Huerta, el asesino. ¡Que no es! ¡Que si es! Va que vuela para ritmo cubano. El asunto es que el gobierno del DF no sabe qué hacer con ese monstruo de ¿30? toneladas. Enterrarlo como un buen muerto resultado de una francachela de cuates o de un narco-enfrentamiento, no hay donde, solo llevarlo al cráter del buen Don Goyo, mucha lana, aprovecharlo para rellenar las minas de arena de Santa Fe, no alcanza, destruirlo y molerlo para tapar todos los baches que padece nuestra sufrida ciudad, buena idea, pararlo por ahí y darle chance a lo grafiteros para que sobre él desquiten toda su furia y chance se desfoguen. Como verán hay opciones, la cosa es que el buen gobierno nos haga caso. Pero para ellos este asunto ya acabó. A más tardar en dos que tres años un periodicucho, para quemar a alguien, nos lo mostrará en el peor de los abandonos. Qué bueno que haya alguien que pague los platos rotos.

Ya lo saben, todo lo que aquí atrás expreso es mi simple percepción, la de un ciudadano común pobremente informado hasta donde los medios han querido, o podido, sumado a lo que se lee por aquí o por allá y al intercambio verbal de opiniones con los amigos. Aun así me responsabilizo de la verdad o ingenuidad de lo aquí escrito.

Así de simple, ¿o no?

Eduardo

(Eduardo Gama Barletti)

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