12 ¡Pueblos mágicos!

Escrito por cavilaciones el 14 octubre, 2010

10 de octubre de 2010

Pata de perro, esto sí que me encanta. Pata de perro, ya saben, emprender cualquier ruta sin aparente plan, olisqueando por aquí y por allá, dejando el aroma de tu presencia en todos los puntos donde te sea posible, comiendo lo que encuentres en tu interminable búsqueda, moviendo la cola de puro gusto, de este plato me echo todos los que quieran. Visitar y caminar, a la esquina, a la colonia de junto, al centro de la ciudad. Viajar y conocer otros lugares, en auto, en autobús, en tren, en avión, en barco. Con mucho este es mi vicio preferido que además de disfrutar paisajes y ciudades en otros lugares, en otros países o en otros continentes, se lleva muy bien con la variedad de comidas y bebidas a al alcance de tu mano. Siempre tendrás un banquete a tu disposición, además de la degustación de platillos la degustación visual, y súmale el disfrute de los sonidos de otras formas de hablar o de otros idiomas, desde nuestras lenguas autóctonas hasta los idiomas más exóticos que nos podamos imaginar, esto último ya lo probaré.

Emprendiendo una de esas corridas de pata de perro con la tirada de visitar la EXPO GUANAJUATO BICENTENARIO 2010 allá en la carretera entre Silao y la hermosa Guanajuato, en las meras goteras de la ciudad, a solo diez minutos, con la sana intención de visitarla después de pasar por la Expo. La Expo y sus múltiples exposiciones te estruja hasta el agotamiento, no hayas la hora de salirte pero lo que sigue en el recorrido no puedes pasarlo por alto, no te vayas a perder algo bueno y después cuando alguien te platique lo único que queda es el chin, chin, ahí estuve le hubiera echado un ojo, burro de mi. Entramos a las diez y salimos casi a las siete, agotados y con la tirada de hora y media para regresar a Querétaro, nuestra base de reposo.

Planeamos la visita saliendo un día antes con escala en Peña de Bernal, quince kilómetros antes de llegar a Querétaro das vuelta a la derecha, 39 kilómetros y te encuentras de frente con el pueblo que conocimos hace muchos años, unos doce, y al cual fuimos solo por ver ese enorme piedrónde una sola pieza que emerge en medio de nada, ahí solito, majestuoso, con las montañas en el fondo como haciendo caravana al regio representante del subsuelo o con el mutis de envidia y pura vergüenza frente a sus casi 300 metros de altura; por su tamaño es el tercer monolito en el mundo, de lo cual solo podemos honrarnos de tenerlo pero no de haberlo hecho en México. Por este peñón tiene su nombre el pueblo que además resulta redundante pues tengo entendido que bernal en árabe quiere decir peña, Peña de Bernal, redundancia. En aquella ocasión visita de entrada por salida con unas quesadillas banqueteras y su correspondiente cerveza entre pecho y espalda. Pueblo con un no sé que, pueblo con ángel, que te propones visitarlo nuevamente algún día en un futuro próximo pero que al darte cuenta ya es un futuro muy futuro.

Pero ya tiene el apelativo “Pueblo Mágico” (conozco varios) que otorga la SecTur a aquellos sitios que cumplen con ciertos requisitos fijados por la Secretaría de Turismo y el Gobierno Federal. Quería percatarme que tanto había cambiado ese pueblo para merecer el calificativo. Como antecedente, mi trajinar semanal lo hago entre la ciudad de México y Tepoztlán, a 14 km de Cuernavaca. Este pueblo, con enorme Ángel así con mayúscula, tengo muchos años de conocerlo, me encantó al grado que casi vivo ahí, bueno en sus cercanías; subir a la pirámide en el cerro del Tepozteco es toda una experiencia y al bajar exhausto te encuentras toda una oferta de fritangas y tacos de guisados banqueteros de lujo además de los localitos bien establecidos hasta los de medio lujo que presumen de alta cocina y que cobran de lujo. No te puedes perder los itacates, gorditas en triángulo de masa-manteca-queso añejo, cortados por la mitad y rellenos de huitlacoche o chapulines fritos, de lo que quieras ¡Y cecina! La autentica de Yecapixtla!

En los últimos diez años ha pasado de pueblo ramplón a centro de atracción turística de primer nivel. El pueblo ha crecido en población, en comercio, en afluencia de personas llegadas de todos lados, del DF, de Querétaro, del Estado de México, y de muchos otros lugares, las placas de sus autos los delatan. Y turismo extranjero, lo mismo escuchas el inglés el alemán el francés y algunos más, es más hasta el argentino, estos se cuecen aparte, que como ellos dicen son un montón de italianos y algunos europeos que creen que hablan español. La marabunta oriental todavía no les cae. Dios los libre.

El pueblo ha crecido, sobre todo ha crecido en auto estima. Lamentablemente después de mucho trabajar por dos que tres años para alcanzar el registro de “Pueblo Mágico” se lo retiraron por persistir en la venta de bebidas alcohólicas simulado con cervezas convertidas en micheladas, en la calle, y sin límite de edad. Bien por la SecTur, si no cumples no lo tienes.

El programa de Pueblos Mágicos fue desarrollado por la SecTur en colaboración con otras Secretarías y con el apoyo de los gobiernos estatales y municipales para llevar al escenario nacional e internacional a todas esas poblaciones autóctonas que tiene México, un sinnúmero de pueblos, regadas por toda su amplia geografía, lo mismo en la sierra que en las selvas o el desierto que en los llanos que ve tú a saber. Y todas ellas cuentan con algo. Son pueblos típicos, en algunos de ellos la civilización, la nuestra, apenas asoma unos cuantos focos colgados de los postes como iluminación callejera, la de ellos ahí la tienen agazapada a la espera de una oportunidad; muchos de ellos con trazo de sus calles y manzanas de cuadricula alrededor de los conventos o monasterios con sus enormes iglesias, herencia española de los religiosos convertidores, esos ciegos dogmatizados, que llegaron con sus ínfulas bien puestas a tratar de civilizarlos según ellos sin darse cuenta de la gran cultura indígena que estaban atropellando. Otros que crecieron en las laderas de los cerros mineros con sus calles-callejones sinuosas obedeciendo la pendiente y el ancho de los cauces del agua que corre en tiempos de lluvia; aprovechando pequeñas explanadas para construir su iglesia y el palacio de gobierno, en estos los conventos no son tan alucinantes.

Todos estos pueblos tienen algo más que el encanto mágico de su ubicación y existencia centenaria y en algunos casos más para allá. Tienen historia, mucha historia, y leyendas que contar, llenos de tradición yvcultura, llenos de orgullo de lo que son y de donde vienen con la incertidumbre de para donde van. Y orgullosos de ser mexicanos. Apegados a su tierra y a sus festividades nacionales, religiosas, laicas o sincréticas o la combinación deflo que quieras, pero hay que verlos cuando después de organizarlas todo el año llevan a cabo la fiesta del Señor o de la Señora del pueblo y súmenle día de muertos, semana santa, carnaval, 12 de diciembre, etc. Se paran el cuello, se lucen, en esos días ellos son los señores, ¡señorones! Los fabulosos días de mercado donde no tienes necesidad de ir a mercar, solo a ver, a darte un baño de pueblo, con la oferta de mercancías autóctonas y típicas, puestos multicolores de artesanías, rebozos y huipiles, vestidos y camisas de manta bordados, yvvestidos indios, de la India meritito de allá, que compiten increíblemente con los nuestros en precio, en bonitura. Ollas y cazuelas de todos tamaños, para el mole para el pozole para el café de olla, etc. etc. Gran variedad de verduras y frutas, los increíbles puestos de hierbas-plantas-hojas-ramas medicinales, que para el hígado, la «visicula”, mal de tos, el moquillo de tu perro, para los embrujos, para el mal de amor o para conquistar ese rejego, o ésa jija que no se deja; enférmate de lo que quieras que el vendedor de «yerbas”, que a veces hace de curandero y brujo, te preparará la mezcla indicada y si no te da resultado hasta te devuelven tu dinero, oferta mercadotécnica de la modernidad que ya los alcanzó. También has de encontrar cubetas y múltiples recipientes de plástico, de muchos colores, herramientas y refacciones exhibidas en el piso sobre una manta o un hule negro. Y no te pierdas el puesto de los chiles secos, cacahuates, almendras, nueces, pistaches, todo tipo de especias, que variedad ¡válgame el señor! De foto para premio de concurso mundial. Los Pueblos Mágicos no hay que ir a verlos hay que vivirlos por la mañana, al medio día, en la tarde, en la noche, hay que vibrar con ellos. La piratería hace acto de presencia, ellos presumen que venden similares no productos piratas.

Todo esto mas la vida rural, sus paisajes, sus monumentos históricos, conventos iglesias, palacios de gobierno, caserones con su patio central, jardines con su quiosco, vestigios y sitios arqueológicos,acasonas convertidas en pequeñas casas de huéspedes y grandes hoteles en las haciendas cercanas. El pueblo mismo, y sus habitantes, es un monumento histórico. Cada uno, al igual que un enorme imán, jala al visitante, y si vas de paso lo más seguro es que te quedes todo el día y quieras regresar.

En esta ocasión llegamos a Peña de Bernal por la tarde. El hotelito que escogimos, dieciséis cuartos, con un comedor engalanado para las fiestas patrias, disfrutamos de sabrosas quesadillas de huitlacoche regadas con un tequila Herradura Antiguo y para desayunar unas exquisitas enchiladas queretanas acompañado con una taza de canelita (café aguado bien caliente con canela y algo de piloncillo, sin piquete) todo aderezado con la vista increíble del Peñón y el pueblo reverente postrado a sus pies. Disfrutamos el atardecer, pintado el paisaje de naranja y gozamos del gris azulado del cielo y las nubes del amanecer mudando por el dorado del sol madrugador. Calles pavimentadas, alumbrado de lujo, instalaciones municipales ocultas, casas reconstruidas con el estilo del pueblo engalanados con los colores que seguramente algún comité del pueblo escogió como su credencial de presentación, gente amable, todos bien dispuestos, para ayudarte en la elección de la chuchería que vayas a comprar aunque solo estés preguntando por curiosidad o el servicio en el hotel o en el restaurant, en la calle. La tradicional cordialidad y amabilidad mexicana por donde quiera en su máxima expresión, ya saben: “Mi casa Es Tu Casa”.

Como arriba les digo el Programa Pueblos Mágicos es iniciativa de La Secretaría de Turismo en colaboración con otras Secretarías además de los gobiernos estatales y municipales. No sé si este programa se inicio con Zedillo o con el in-menso Fox, albricias, un programa que no es borrado en automático solo por pertenecer al anterior y continúa operando con éxito comprobado, hay muchas solicitudes para sumarse al programa, pero si sé que a la fecha treinta y dos lugares ya tienen el calificativo de “Pueblos Mágicos”. Los más viejos del 2001 Real de Catorce, San Luis Potosí, y Huasca de Ocampo,Hidalgo, y el último invitado en 2009 es El Fuerte, Sinaloa.

La comunidad que crea que tiene todos los atributos de riqueza natural, cultural, históricos y una población de cuando menos 20000 habitantes pueden solicitarlo. Antes que nada deben constituir un comité u organismo que los represente. Este debe estar constituido por representantes de la municipalidad y de los habitantes contando también con el apoyo del gobierno del estado. Tener un plan de desarrollo urbano y turístico aprobado por el Cabildo y el compromiso de apegarse a las reglas establecidas por SecTur.

El Comité del Programa SecTur los visita y les hace una lista, corta o larga y a veces larguísima, depende de las condiciones del lugar, de los cambios que deben sucederse. La parte principal es el mejoramiento urbano. Además del pavimento, empedrado o adoquinado, drenajes y agua potable más energía eléctrica subterráneos, iluminación callejera de primera, plazas y jardines con sus bancas y quiosco atractivos, fachadas de las casas y edificios públicos arreglados con el estilo del pueblo y pintados con los colores elegidos. Algunos pueblos pintan cada casa de diferente color, claro dentro de un patrón previamente elegido y aprobado. Se imaginan el resultado, maravilloso, ¿verdad? Tienen que poner orden en el comercio y reglamentar su práctica en las calles o evitarlo de ser posible. Mejorar la seguridad pública, vieran a los policías de ahora en Tepoztlán en comparación con los trogloditas de hace diez años. Todo esto regado con un sustancioso presupuesto federal para llevar a cabo los cambios. Presupuesto estrictamente vigilado para que la lana caiga por los rumbos a que fue programada y no en los bolsillos de algún listillo.

Una vez aprobado son constantemente supervisados por las instancias promotoras para evitar regresiones, como la de Tepoztlán. Si es así, como ya sucedió, les retiran el calificativo y el apoyo económico, y esto sí que les duele hasta el alma. Al fin de cuentas el turismo, ese gran flujo de visitantes, se refleja en beneficios sorprendentes para la comunidad. La autoestima de la población crece y se refleja en los resultados. El plan de mejoras está confinado al primer cuadro del pueblo pero esto motiva a los habitantes de los alrededores a igualarse con sus iguales del centro, lo clásico ¿porqué ellos sí y nosotros no? En este caso esto es positivo, ¿a poco no?

Es tal su éxito del programa que en el pueblo de Tequila, Jalisco, si, tienes razón, la cuna de ese embriagante producto que a todos nos trae locos, por los alrededores y por todo el mundo, que los empresarios cansados de estar en la cola de solicitantes del calificativo, los empresarios de Casa Cuervo, encabezados por Juan Domingo Beckman Legorreta, este año invertirán en la zona y en el negocio 120 millones de pesos. Parte de la lana ira para proyectos turísticos, con un ferrocarril recorriendo la zona de sembradíos de Agave Azul Tequilana, de sus destilarías y bodegas de añejamiento, ellos le llaman Mundo Cuervo, para atraer a visitantes de todos lados y de todas las edades con la oportunidad de curarse la cruda tequilera, ya estando ahí imposible librarse de una, en una de las casas de huéspedes u hoteles de la localidad. Van que vuelan por el calificativo de PUEBLOS MÁGICOS. Seguro más de uno ya se está apuntando en un tour por estos lares.

Tantos denuestos le hemos propinado a nuestro gobierno que bien vale en esta ocasión un largo, larguísimo ¡Ohhhhhhh!

Me alargué, no quería pasar de las tres hojas pero el tema me llevó, vale la pena. Les debo el tour por EXPO GUANAJUATO BICENTENARIO 2010 que también vale la pena, desde mi pobre punto de vista, aunque estén diciendo ¡yacholemicuate!

Ya lo saben, soy responsable de todo lo que aquí expresado.

Así de simple, ¿o no?

Eduardo

(Eduardo Gama Barletti)

Deja un Comentario