18 ¡Mis vivencias presidenciales y algo de nostalgia!

Escrito por cavilaciones el 28 enero, 2011

25 de enero de 2011

La carrera presidencial para 2012 ya se está calentando. A partir de este enero el tiempo se les evapora en las manos a los pretendientes, la ansia les pone la piel de gallina y se les queman las habas,
no vaya a ser que algún vivales les coma el mandado; faltan 18 meses que se pasan como el aguacero de cualquier tormenta anunciada por negros nubarrones mismo que hemos de padecer cual huracán barriendo las costas de Cancún, casi por dos años ¡qué horror! Aunque el banderazo oficial para ventanearse sea hasta el próximo diciembre, el IFE ya anuncio la vergonzante y obscena derrama multimillonaria para los partidos y sus campañas. La carrera por conquistar el puesto de su partido para participar en la carrera presidencial ya empezó.

El PRI tiene a su gel-boy con los tenis puestos; mientras no los porte como el otro priista que usa tenis y corre maratones, a la mitad, y llega en primer lugar tan fresco como una lechuga solo para que nos diéramos cuenta que hasta en eso los políticos no saben jugar limpio, pero estandoen Alemania se le descubrió el tinglado y se le exhibió como mercancía chafa. Me pregunto: ¿si esa trampa nos la tiende en México y se le descubriera lo hubieran ventaneado?Más de un editorial diría “que k… tan listo” y punto. El gel-boy está como buen cirquero haciendo malabares, parece que con buen tino, tratando de convencer al interior de su partido, para que lo lancen en pos de la presidencia. Pero hay por ahí otros gallos ya ennavajados. Al tiempo.

En el PAN no veo competidores que gocen de salud pública como para aguantar el paso de un buen prospecto presidenciable. Ya se apunto un tramposo con ascendiente en un güero que nos llegó del norte en el siglo XIX y su descendiente ya mexicano gobernador norteño y milloneta porfiriano que por obra y gracia de quien sabe que mañas dio el brincó sobre la avalancha de 1910 y como los gatos cayó bien parado y sin rasguñarse. El susodicho levantó la mano, “aquí estoy”, pero ni quien lo fume a pesar de presentarse con su sonrisa maquiavélica y maniobrar como mago con todo y chistera en los escenarios políticos de su partido, claro que no faltarán los lambiscones veleta que alcen la voz a su favor. Para acabar va y hace otro oso en Guerrero apoyando la dimisión de su partido a favor de un ex priista gánster postulado para gober por el PRD con el respaldo de montón de la lana del jeDfe Ebrard. Presidentes de partido más que azules grises van y vienen sin que se logre ver un plan concreto de acción en busca o en promoción de un candidato solido, creíble, con proyección nacional. ¿Qué esperan? ¿Otro Calderón que con puro carisma personal los proyecte nuevamente a la presidencia? ¿Alguien que a base de redaños supere todas las dificultades y sea capaz en una carrera de resistencia de sacarles las castañas de las brazas? Despierten amigos, muchos ciudadanos están al alba en espera de sus decisiones que por muy malas que pudieran ser creen que es mejor que el retorno del pasado setentero. La alternancia esta a la vista si no se afinan, quiéranlo o no.

El PRD es el mismo de siempre; que los chuchos me caen gordos, que no estoy de acuerdo y me salgo para apoyar a Juanito y muchas otras cosas, eso sí alardeando de vivir en Copilco y viajar en un modesto Tsuru blanco pero enfundado en ropa de marca de lujo y relojes que ni Slim luce en público; pero ahora que siempre si y apoyo a mi cuate “Juanito” Encinas para gober del Edo-Méx aunque no cumpla con los requisitos de residencia en el estado, al fin que él en esto de la residencia ya hizo trampa en el 2000 y chachalaqueo durante casi seis año a las seis de la mañana teniendo a sus pies a todos los escribidores y oidores que le hicieron el caldo gordo poniéndolo en primera plana, cuando no ameritaba ni un párrafo en la página de sociales; los de la tele no se podían quedar atrás con transmisiones directas de todas las bobadas que ahí se decían, propaganda gratis y arrolladora. La bola de mensos perredistas dobla las manos y se alinean por la derecha, agazapados para brincar sobre el bueno. Las patadas y los golpes bajos serán parte de su carrera hacia la candidatura presidencial y los que tradicionalmente se apañan, ¿chuchos?, solo esperan ver hacía donde sopla el aire y sumarse. Espero que no se les ocurra impulsar a un primogénito ex gober (nefasto) de Michoacán. De perdida estos son directos y se meten en el estercolero a la vista de todo el mundo y con el beneplácito de sus dos contrincantes, PAN y PRI, los cuales cuidan la figura y hacen sus cochinadas en lo obscurito y a veces no tan obscurito.

De la política de mi niñez en el pueblo de Mixcoac me acuerdo poco pero en mi memoria tengo guardados recuerdos que para mis descendientes o aquellos que nacieron de Díaz Ordaz para acá no vienen al caso. Pero yo creo que sí y que conociendo la historia, aunque sea solo desde un punto de vista y sensaciones muy personales, de las sucesiones presidenciales en México, nos ayudará a entender y probablemente a cambiar lo que ahora nos aterra. Cuando hubo mucha efervescencia por el cambio de Alemán a Ruiz Cortines recuerdo haberme ganado una cueriza, no se asusten jóvenes en esa época, mi época de niño-chamaco, se usaban y daban resultado, por parte de mi abuela materna -con ella vivíamos- por andar cargando y repartiendo propaganda de uno de los candidatos de la oposición, el más connotado, Miguel Henríquez de línea cardenista y general, del Partido Constitucionalista recién formado por disidentes del PRI; no sé de donde me salió esta iniciativa ni quien me empujó a repartirlos, pero fui severamente advertido del riesgo que corría por andar de chimiscolero (esta palabreja implica el intercambio de una serie de chismes en aquellas filas-colas- para comprar leche o tortillas, que en las mañanas o al medio día se hacían, y que actualmente los puedes encontrar como noticia en cualquier periódico o revista, desde “Proceso” hasta “Hola” y echando taco de ojo hojeando las popularísimas revistillas “TV noticias” y otras, de mediocre o alta reputación, de circulación local, nacional e internacional).

Chimiscolear hacia esas esperas agradables por la ventaja de intercambiar lo último en noticias que estuvieran circulando en la comunidad, sin costo; ir por las tortillas era un momento muy esperado y una obligación muy peleada; todo un acontecimiento hacer cola, bien formaditos todos, chismosas y chismosos y algunos chamacos que nomás parábamos oreja para agarrar al vuelo algo caliente digno de ser esparcido, algunas veces un coscorrón de premio por metiche, y con un poquito de suerte hacían el ligue de la semana. Los clientes cotidianos gozábamos del lujo de una tortillita con sal, salida del comal, calientita, recién hecha a mano para hacernos más amable la espera; las tortilladoras no eran mecánicas y usaban falda hasta los tobillos, peinaditas de trenza con su molote de vivos colores y sentaditas alrededor del comal calentado con leña hacían su extraordinaria labor; que habilidad de manos para aplaudir las bolitas de masa y hacer un disco tras otro casi perfecto, ponerlo en el comal y voltear los que ya estaban listos, habilidad solo superada por su verborrea imparable en un idioma que vaya a saber que
decían, como cantando, vocablos cortos y entonados, después supe que era náhuatl, yo me emboba escuchándolas.

Todo esto sucedía en Mixcoac, actualmente todo un asentamiento en la vorágine urbana citadina, a medio camino entre Chapultepec y San Ángel, con antecedentes prehispánicos. Era un pequeño poblado al suroeste de la gran Tenochtitlán y según algunos documentos de don Hernán tenía 6ooo habitantes dedicados a la manufactura de utensilios de barro entre ellos los comales que vendían en el tianguis de Coyoacán, tianguistas desde entonces, pero ellos sí pagaban un tributo (impuesto) para poder vender su mercancía, no eran ni toreros ni ambulantes ni había luz que robarse. “Culebra de Nubes” es la traducción de náhuatl a español de Mixcoac y en los documentos aztecas aparece como una voluminosa serpiente de color azul. Pueblo bien organizado en todos los aspectos, buena costumbre de nuestros nativos ancestros, se integró fácilmente a los esquemas del conquistador con el nombre de Santo Domingo de Mixcoac. Entre sus quehaceres de mediados del siglo XIX, regados con agua que bajaba de lo que conocemos como Los Dinamos, estaba la labranza (cultivo del maíz), los huertos de árboles frutales, (capulines, perones, membrillos, etc.), flores y el pulque, néctar de los dioses. Y siguiendo con su tradición de trabajadores del barro abastecieron en siglo XIX a la Ciudad de México con tabiques y ladrillos con toda una empresa metida en el lodo: Compañía Ladrillera Nochebuena en la ahora la colonia Nochebuena.

También sede por decisión de don Porfirio de la célebre Casa de la Risa, el manicomio de la Castañeda, que se construyo en los terrenos, 150mil metros cuadrados, de la hacienda pulquera La Castañeda. La vista del Popo y el Izta desde aquí cuando todavía el aire era limpio y transparente y rebosaban de nieve todo el año, unos meses más unos menos, era preciosa, todo un espectáculo, como solo se ven ahora en los cuadros del extraordinario paisajista mexicano, Don José María Velazco. Sin dudarlo Díaz se fusiló el estilo francés y los principios de hospitalización siquiátrica del hospital Charenton que solo queda a seis kilómetros al sureste de París. Ya para los sesentas su infame historia sobrepasaba con mucho su pobre servicio como hospital siquiátrico y deja de servir. Se llevan el edificio a Paso de Cortés ¿quién?, Amecameca, y los enormes terrenos se convierten en el conjunto habitacional “Lomas de Plateros”, negocio jugoso de algún loco desquiciado, antiguo inquilino de los locutorios del manicomio, o que nos digan los promotores donde quedo la bolita ¿quién si era propiedad nacional?. Como quiera que sea solo espero que lo incluyan en el plan de “Barrios Mágicos” que el gobierno defeño ha implementado copiando el plan de del gobierno federal de “Pueblos Mágicos”.

Nuestra vida no corría más allá de los límites de nuestra colonia, de Mixcoac mi pueblo, en lo particular con alguna visita a la Ciudad de México o al Zócalo como lo llamábamos solo para comprar alguna especialidad que en tu localidad no encontrabas. Un hilo o un botón especial, pasta tipo italiana que Spada, el italiano, fabricaba y vendía en su local de la calle de Ayuntamiento casi enfrente de la “W”, lo que hacía más atractiva esa visita hasta ese rincón de vida mundana es que podrías encontrarte con algún figurón de la radio, Arturo de Córdoba, Toña la Negra, María Victoria, Jorge Negrete, el Grillito Cantor, Tomás Perrín, que hacía la voz de el investigador Carlos Lacroix con su inseparable “dispara Margot, dispara”. Súbete al tren eléctrico o a los de camiones de ruta de primera, 25 centavos, (únicamente pasajeros sentados) o segunda, 15 centavos, (algunos sentados, el resto parados y a su máximo cupo, los pasajeros deseosos de ahorrarse 10 centavos iban colgando tal como ahora los ves en nuestros democráticos autobuses). En el tranvía pagabas 15c pero eran más lentos que los camiones y no había tantas rutas.

Del Presidente, el viejo de la corbata de moño, me acuerdo poco. Decían de él que era muy mañoso y marro y que tuvo que lidiar con la crisis que le habían heredado. Inveterada costumbre esa de heredar crisis al que sigue. La solución fue devaluar el peso, de 8 a 12.5 por dólar. Cómo lloró mi madre ese día, se daba de topes por no haber comprado con sus ahorritos, esos que se guardaban bajo el colchón costumbre muy arraigada por aquellos años y parece que todavía se practica, por aquello de la inseguridad bancaria, vaya usted a saber, unos dolaritos. Don Adolfo nombró a don Ernesto P. Uruchurtu regente de la Ciudad de México. Hombre del norte, recio más bien duro, recto, no se andaba con medias tintas y aplicaba las leyes y los reglamentos del DF al pie de la letra. Si eran inoperantes las modernizaba, si no había los generaba, ventajas de no depender de un congreso local politizado y manejado por intereses partidistas. Teníamos una ciudad limpia, pero limpia de todo. Sin basura, sin vendedores ambulantes, taxis nuevos, calles pavimentadas y buen mantenimiento, luminarias nuevas donde ya se caían y donde no existían. Construcción de mercados, parques y fuentes por todos los rumbos, se mejoraron las escuelas. Mixcoac se moderniza con drenajes y pavimentos y un enorme mercado que hasta la fecha funciona, sobrevive a duras penas, ellos dicen, resistiendo el embate de supermercados por todos lados. Por fin la Avenida Revolución llegaba hasta San Ángel y remataría frente a Ciudad Universitaria con tranvías nuevos italianos, todo un lujo.

Las calles principales de la ciudad y sobre todo de las colonias popoff fueron las más privilegiadas en cuanto a iluminación pavimentos banquetas flores camellones fuentes etc. etc. Popoff, término que puso de moda el polifacético licenciado embajador escritor periodista Agustín Barrios Gómez y también comentarista en la novedosa televisión, “Cincomentarios”. Entre otras cosas escribía una columna dominguera, “lo leí en Novedades” lema de su casa periodística, titulada “Ensalada Popoff” aludiendo a la “nobleza” mexicana, ese montón que se creía o todavía se cree de sangre azul le daban tela para cortar en cantidades exuberantes. Imagínense los sabrosos chismes de ricachones y polacos que ahí relataba y que eran la comidilla de la población que aun viviendo en la ya grande ciudad de México seguía siendo de corte provinciano que yo diría casi pueblerino. Toda esa tela de donde cortaba provenía de todo aquel que se pusiera a tiro de su enorme tijera, de políticos, de ricos de herencia y ricos de nueva forja, forjados en la política posrevolucionaria o bajo la sombra protectora de algún compadre bien cobijado por otro compadre que se llevaba de cuartos con el mero-mero. Este mero-mero podría ser desde el presidente o alguno de sus allegados o secretarios de estado. Guardando las proporciones ese sin fin de favores podría empezar con otra clase de mero-mero o mera-mera: desde el chofer o mayordomo del señorón en ciernes, para los que se daban tono con tener uno, la mucama o hasta el boleador del mero-mero-mero.

Por su estricta aplicación de las leyes y por todas estas aportaciones a la ciudad de México Don Ernesto se ganó dos motes, Regente de Hierro y Gladiolo (o Glorieto, no me acuerdo con exactitud) Fuentes Flores, por razones a toda vista. Este último era el más popular entre toda la población la cual también lo acusaba de maricón, no sé porque ya que tenía un chorro de hijos. La razón de esta apreciación popular podría ser que siempre aparecía perfectamente acicalado, corbata de moda, peinado como si acabara de salir de un salón de belleza y aparentemente maquillado, en una época en la que los hombres a la peluquería y las mujeres al salón, figúrense. Su personalidad y eficiencia trascendió por casi tres sexenios, López Mateos y Díaz Ordaz lo ratificaron en automático en el puesto de regente del Distrito federal. Durante 14 años trabajo intensamente por la modernidad para la ciudad. Jardines museos parques deportivos avenidas mercados drenajes rastros se cuentan entre las innumerables obras que realizó. En algunos lugares para la construcción de lo nuevo se cometió la aberración de tirar lo viejo, algunos de origen porfiriano, otros más viejos y muchas veces afectando y destruyendo parte de los pueblos históricos como Tacubaya y Tacuba y hasta al del Centro de la Ciudad de México le toco su moche. Lástima, se regodeo de su puesto y de su éxito hasta que le pusieron un cuatro con la invasión de unos predios donde arrolló con todo y tractores sin contemplaciones a los paracaidistas sembrados como carnada. Y cayó en la trampa. Fue tal el escándalo y periodicazos que su trayectoria de más de 20 años de funcionario impecable valió un gorro y dijeron que don Gustavo solo le sugirió que presentara su renuncia y seguramente como sugerencia venida del presidente era con carácter de ya e irrevocable. Digo lastima por que todavía dejó mucho por hacer. Sus planes de modernización cortados todavía repercuten en la ineficiencia urbana de la Capital.

Me queda corto el espacio para seguirles platicando pero las ganas aquí quedan y en cualquier otra oportunidad los vuelvo a enrollar. ¿Sale? Y como siempre solo yo tengo la culpa de lo que escribo.

Así de simple, ¿o no?

Eduardo

(Eduardo Gama Barletti)

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